En el modelo de financiación de un estado, al igual que ocurre a nivel empresarial, los ingresos como los impuestos directos (“personalizados” como el IRPF) o indirectos (indiscriminados como el IVA) no tienen porque llegar a las arcas en el preciso momento en el que se deben abonar las obligaciones (p.ej. pagos de salarios de funcionarios, contratos de obra pública, etc). Incluso, aunque al cabo del año el estado tenga más ingresos que gastos, es posible que en determinados momento no disponga de suficiente dinero liquido como para pagar a tiempo (tensiones de liquidez).
Por esa razón, el estado necesita recurrir a la venta de deuda pública (letras del tesoro a 3, 6, 12 y 18 meses, bonos a 3 y 5 años y las obligaciones a 10 años para inversiones a más largo plazo). Esto significa que el estado “imprime” certificados donde se compromete a devolver el importe más unos intereses en un periodo determinado. Particulares, empresas o instituciones financieras pueden comprar esos certificados por una determinada cantidad de dinero que con el paso del tiempo será devuelta.
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A pesar de que mi despertador estaba programado para las 10, hoy me he despertado automáticamente a las 7 de la mañana… justo a la hora a la que solía levantarme para ir a trabajar y el preciso día que hubiese vuelto a la oficina después de vacaciones. Pero este es un nuevo lunes en mi vida con renovados hábitos 🙂